El desacople: fragmentación sin ruptura total.De los años 1970 al 2026 - Vídeo -

 

De cero, por las sanciones a China, a pasar  del año 1970 al año 2000 a un valor en oro del comercio bilateral de ese año 2000, un  equivaldría hoy a unos ~78 mil 700 lingotes de oro estándar de 400 onzas cada uno, al precio actual del oro US$3680. El indicador rastreado nos indica algo. El juego de la trinidad posible a largo plazo. Como un movimiento cabalístico, los norteamericanos, con su canciller a la cabeza, lograron el objetivo final. La alianza China-Estados Unidos a forma comercial desplaza a Rusia y genera su caída. El mundo no tolera la Trinidad, los contendientes; solo no podrán cambiar los acontecimientos, precisan de las alianzas.
 El péndulo volcado en aquellos años nos llevó a estos días de hoy. La jugada de Rusia es la misma que la de los años 1970, con la salvedad de que esta alianza es China versus Rusia, dejando afuera del juego a los  Estados Unidos. La pregunta es el origen de estas tácticas y, a la larga, estrategia. Es difícil que al que te enseña a escribir le roben la lapicera.Vamos a los datos. China y Estados Unidos: la economía como campo de batalla del poder global. Análisis metapolítico por Ricardo Borda.Zona g Montevideo Uruguay 21 de enero del 2026 hora 14 P M. La rivalidad entre China y Estados Unidos constituye hoy el eje estructurante del orden internacional. Lejos de tratarse de una simple guerra comercial o de un conflicto coyuntural por aranceles, estamos ante una disputa hegemónica profunda, donde la economía se ha convertido en el principal campo de batalla del poder global.Durante décadas, el ascenso chino fue interpretado en Occidente como un proceso funcional al orden liberal internacional. La integración de China a las cadenas globales de valor era vista como una extensión del sistema liderado por Estados Unidos. Sin embargo, esta lectura ignoró un factor decisivo: China no se integró como actor subordinado, sino como un Estado civilizatorio con proyecto propio. El resultado es el conflicto estructural que hoy atraviesa la economía mundial. Dos modelos económicos en tensión.
El enfrentamiento entre China y Estados Unidos no es solo cuantitativo, sino cualitativo. Representa la colisión de dos modelos de organización económica y de poder. Estados Unidos encarna un capitalismo financiero-globalizado, basado en el dominio del dólar, la centralidad de sus mercados financieros y la capacidad de imponer normas, sanciones y restricciones a escala global. Su poder no reside tanto en la producción material como en el control de los flujos financieros, monetarios y normativos del sistema internacional.China, en cambio, ha desarrollado un capitalismo estatal-productivo, donde el Estado cumple un rol estratégico en la planificación, la inversión y la orientación del desarrollo. Su fortaleza principal no es financiera, sino industrial, logística y tecnológica, apoyada en una visión de largo plazo que contrasta con el cortoplacismo financiero occidental.


La fortaleza estadounidense y sus límites.

Estados Unidos conserva ventajas decisivas. El dólar sigue siendo la principal moneda de reserva y de comercio internacional, lo que le otorga una capacidad de financiamiento y coerción sin precedentes. El sistema financiero global, las instituciones multilaterales y los mecanismos de sanción continúan operando, en gran medida, bajo su influencia. No obstante, estas fortalezas conviven con vulnerabilidades estructurales cada vez más evidentes. La desindustrialización relativa, la dependencia de cadenas de suministro externas y un endeudamiento crónico limitan la capacidad estadounidense de sostener su hegemonía exclusivamente por medios económicos. La respuesta de Washington ha sido una progresiva politización de la economía: restricciones tecnológicas, subsidios industriales selectivos y relocalización productiva bajo criterios geopolíticos.

China y la estrategia del desgaste prolongado

China, por su parte, no busca una confrontación frontal inmediata ni una ruptura abrupta del orden existente. Su estrategia es gradual y acumulativa. A través del fortalecimiento de su base productiva, la expansión de su infraestructura logística y la diversificación de sus vínculos comerciales, Beijing apunta a reducir vulnerabilidades críticas y ampliar su autonomía estratégica. Iniciativas como la Ruta de la Seda, los planes de soberanía tecnológica y el impulso al comercio en monedas locales forman parte de una lógica de largo plazo. China no pretende reemplazar de forma instantánea al dólar ni destruir el sistema global, sino reconfigurarlo progresivamente desde dentro.



El desacople: fragmentación sin ruptura total

El llamado “desacople” entre las economías china y estadounidense no implica una separación completa. Se trata, más bien, de un proceso selectivo y estratégico. Sectores considerados críticos —tecnología avanzada, semiconductores, inteligencia artificial, energía— tienden a fragmentarse en bloques diferenciados, mientras otras áreas mantienen altos niveles de interdependencia.

Este proceso tiene consecuencias globales. Aumenta los costos, introduce presiones inflacionarias y obliga a los países periféricos y semiperiféricos a tomar decisiones estratégicas en un contexto de creciente polarización económica.

Dólar, yuan y la disputa monetaria

La disputa monetaria es uno de los frentes más sensibles del conflicto. El dólar no enfrenta un reemplazo inmediato, pero sí un proceso de erosión progresiva. El uso creciente del yuan en acuerdos bilaterales, especialmente en comercio energético, y el desarrollo de sistemas de pago alternativos reflejan una tendencia hacia una mayor multipolaridad monetaria.

No estamos ante el fin del dólar, sino ante el fin de su monopolio incuestionado.

Un orden global en transición

La rivalidad económica entre China y Estados Unidos está redefiniendo las reglas del juego global. La globalización homogénea da paso a un orden fragmentado, donde la economía se subordina cada vez más a consideraciones políticas y estratégicas. La neutralidad económica se vuelve inviable y los Estados recuperan un rol central como organizadores del desarrollo y defensores de intereses nacionales.

Conclusión

El conflicto económico entre China y Estados Unidos no es una anomalía del sistema, sino la expresión de su transformación. El siglo XXI no se definirá por guerras militares directas entre grandes potencias, sino por quién controle la producción, la tecnología, las cadenas de suministro y la moneda. En ese escenario, la economía deja de ser un ámbito técnico y se convierte, nuevamente, en una herramienta central del poder. R.B

 

 La visita de Nixon fue la "llave diplomática" que abrió la puerta para que el modelo económico de las ZEE fuera viable una década después. 

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