Con el fin de certificar la entrega del obsequio, el mandatario ha adoptado la costumbre de llamar personalmente a los destinatarios simplemente para preguntarles si ya han recibido los zapatos. Trump también revisa no solo la recepción, sino también el uso de los zapatos mediante un monitoreo visual en las reuniones, algo que ha generado una presión en su equipo, pues algunos al parecer han reconocido calzar estos zapatos, así no sean de su talla, por miedo a incomodar al presidente.
Ante esto, según las fuentes citadas por el medio estadounidense, recibir los zapatos se interpreta en los pasillos de la Casa Blanca como una señal de entrada al círculo de confianza del presidente.



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